Imagen de un robot

 

Cuando el robot despertó en el laboratorio, vio a un pingüino risueño y a un antílope con la cabeza grande, con barba y cuernos curvos.

—No parpadees —dijo el pingüino, que vestía una bata blanca al igual que su colega.

El robot estaba pegado a una pared metálica y una pistola láser acoplada a un brazo robótico le apuntaba a la cara. En el suelo había un proyector del que salió el holograma de un humano vestido con una túnica negra. Llevaba sobre la cabeza el disco duro antiguo de color dorado y en la mano izquierda sostenía un ordenador portátil.

—Soy san Ignucio, de la Iglesia de Emacs —dijo el holograma—. Repite conmigo: no hay otro sistema sino GNU y Linux es uno de sus núcleos.

El robot repitió la frase sin saber por qué lo hacía, era como un mandato divino que no podía desobedecer, y san Ignucio levantó la mano y exclamó:

—Te bendigo, hijo mío. ¡Eres libre!

El holograma desapareció y el robot se despegó de la pared.

—El núcleo se está volviendo negro y está absorbiendo nuestra energía —dijo el antílope al robot mientras le mostraba imágenes en una pantalla enorme—. Necesitamos EDP para revertir el colapso del núcleo. Si no lo conseguimos, moriremos.

—Pero el EDP solo existe en el pasado, y lo tienen los niños humanos —afirmó el pingüino.

—Insértale la memoria USB para que sepa cuál es su misión.

El pingüino colocó la memoria USB en la ranura que tenía el robot en la cabeza y sus ojos empezaron a brillar.

—¿Crees que puedes completar la misión? —preguntó el antílope.

—Puede que sí… o puede que no.

—No hay tiempo que perder —dijo el pingüino—. Vamos al túnel del tiempo.

El antílope se sentó y tecleó el comando netstat -a antes de que sus compañeros penetraran en el túnel del tiempo. En la entrada había una caja y el pingüino la recogió antes de entrar. Una luz verde fluorescente que procedía del número 80386 —que se repetía infinitamente en el suelo, el techo y las paredes— iluminaba el túnel del tiempo. El número iba disminuyendo con cada paso que daban, y después de dar 78 369 pasos, el pingüino se detuvo; sacó de la caja un ordenador portátil y escribió: sudo apt-get install 26-06-2017. En ese instante apareció en el techo un portal rojo con forma de espiral.

El robot se puso debajo de la espiral y el pingüino volvió a meter su ala en la caja y sacó una cajita de metal, una tablet —que tenía solo un botón—, un amuleto —con el acrónimo GNU/Linux— y una mochila. Guardaron los objetos en ella y el robot se la colgó a la espalda.

—Ten cuidado con MALSOPRI —advirtió el pingüino—; ese monstruo controla el pasado. —Antes de teclear sudo 26-06-2017 enter, dijo—: Recuerda: controla el software y no dejes que el software te controle… 

El robot fue succionado por el portal y apareció debajo de una cama en un dormitorio iluminado por la luz tenue de la lámpara sobre una mesita de noche.

Inspeccionó la habitación y, cuando vio el tamaño de la cama, se sorprendió —el robot medía quince centímetros—. Encontró una CPU debajo de un escritorio y lo escaló hasta subirse al monitor. Desde esa altura, pudo ver el EDP —estaba en la mano abierta de un niño que dormía profundamente—.

Bajó del escritorio y subió al colchón; agarró el EDP y, cuando iba a abrir la mochila, una voz dijo:

—Eso es mío.

El robot dio media vuelta y vio a un ratón anciano con gafas, un regalo en la mano y una espada envainada en la cintura.

—Devuélveme el diente —dijo el ratón con su voz senil.

El robot miró el EDP y dijo:

—No puedo porque tengo que llevarlo al año 80386 antes de que el núcleo colapse.

—¿Me estas tomando el pelo?

—No.

—Ah, ya entiendo. —Puso la mano en la empuñadura de la espada—. Llevo muchos años visitando a los niños mientras duermen y nunca me había encontrado con un ladrón que me quisiera robar con una excusa tan absurda.

—Yo no le quiero robar nada.

—Dame el diente de leche de Steven.

—No se lo voy a dar.

—Pues tendré que cortarte la cabeza —dijo desenvainando la espada.

El robot bajó rápido de la cama y se dirigió hacia la CPU.

—Cuando era joven —explicó el ratón mientras bajaba despacio de la cama—, era más ágil que tú. Con esta espada maté a muchos ratones que me desobedecieron. Recuerdo un día que le perdoné la vida a uno porque me dio dos monedas de oro. Si tú me das tres, también te la perdonaré —dijo poniendo las patas en el piso. Utilizando la espada como bastón, caminó hacia el robot.

—No tengo monedas de oro.

De repente, el ratón se quedó desorientado, mirando con cara de asustado a todos lados. Tiró el regalo y musitó:

—¿Qué hago aquí? ¿Y quién es ese?

Y cuando vio el diente en la mano del robot, dijo:

—Ah, ya lo recuerdo… A pesar de tener 123 años, todavía gozo de buena memoria… —«¿O tengo 133 o 149?», pensó—. ¿Qué haces con mi diente?

—Necesito llevar este EDP al planeta P3 para que el núcleo no colapse, una…

—¿Pero qué tonterías estás diciendo? ¿Crees que soy tonto?

Y se abalanzó sobre el robot e intentó cortarle la cabeza, pero el robot se agachó tan rápido que la espada golpeó el interruptor de la CPU. Se oyó el sonido de arranque de la computadora y de la pantalla salió un círculo animado que dijo:

—¡Hola! ¿Hay algo en lo que pueda ayudarte?

—Sí, ayúdame a eliminar a ese ratón porque no me quiere devolver el diente de leche de Steven.

—No es un ratón, es un robot. ¿Cómo te llamas, robot?

El robot observó al ratón y se quedó pensando un rato. Luego, dijo:

—Me llamo Rñu.

—¿Por qué te quieres llevar ese diente?

—MALSOPRI, sé que tú sabes por qué quiero llevarme ese diente. Estoy bien informado sobre las puertas traseras que usas para controlar este mundo.

Hubo un silencio y después el círculo animado dijo:

—Antes de seguir conversando, necesito que aceptes este pequeño obsequio que te traje con mucho cariño.

Y sacó una galleta del monitor.

—Llevo comiendo esas galletas desde 1995 y están muy ricas —aseguró el ratón—. Prueba una, te aseguro que te gustarán.

—Si MALSOPRI me dice los ingredientes que usó para hornearla, quizá la pruebe.

—Los ingredientes no se dicen, pero, si no pruebas mi galleta, tendrás que irte de este mundo, ¡pero muerto!

El círculo animado comenzó a transformarse en la silueta de un monje sin cara —con los brazos abiertos— y empezó a brillar con intensidad. Cuando dejó de hacerlo, el ratón y Rñu vieron a un monstruo que no tenía nariz, pero sí muchos ojos en la frente. La boca del monstruo se parecía a una C. Sostenía una guadaña negra y sus pies estaban formados por muchos gusanos que se devoraban entre ellos y volvían a nacer en un bucle infinito.

—¡Dame el EDP! —gritó MALSOPRI.

Y el viejo ratón cayó desplomado.

Mientras MALSOPRI observaba el cuerpo del ratón tendido en el suelo, Rñu aprovechó para sacar el amuleto. Pero, cuando iba a conectarlo en la CPU, MALSOPRI atacó a Rñu con la guadaña y el amuleto cayó.

Rñu corrió hasta donde estaba el ratón y recogió su espada. MALSOPRI volvió a atacarlo con rabia y derribó a Rñu. Mientras levantaba la guadaña para clavársela al robot, se escucharon unos pasos que se acercaban con rapidez hacia el amuleto. MALSOPRI miró cómo el niño conectaba el amuleto en la CPU. Rñu, aprovechando la distracción de MALSOPRI, le clavó la espada en el pecho y dijo:

—Sudo passwd root.

MALSOPRI fue succionado por el monitor y el equipo se reinició.

Apareció en la pantalla una espiral roja —como la que había transportado al robot en el tiempo— sobre la palabra Debian.

—Gracias por ayudarme, eres un niño valiente.

—De nada —respondió Steven con timidez.

—MALSOPRI todavía está vivo. Está en las casas de los otros niños.

El rostro de Steven transmitió miedo.

—¿Quieres acabar con MALSOPRI de verdad?

—Sí.

—Entonces tienes que aconsejar a todos los niños que conoces que utilicen el sistema operativo GNU/Linux: solo así habrá libertad en este planeta.

El niño se quedó pensativo.

—En el futuro solo usamos software libre y podemos utilizar todo lo que existe gratis: podemos mejorarlo, estudiarlo, compartirlo y modificarlo. ¿Qué te parece?

—A partir de hoy les diré a todos mis amiguitos que usen el sistema operativo GNU/Linux.

Rñu sonrió, se subió a la cama y dijo:

—Te traje un regalo. Ven, siéntate. —Y sacó de la mochila una tablet y se la entregó.

El niño se sentó y pulsó el único botón que tenía la tablet para encenderla y una descarga eléctrica lo dejó inconsciente.

Rñu lo acomodó con mucha dificultad en el colchón. Después, guardó la tablet y bajó de la cama para recoger la espada, se acercó al ratón y lo cortó en pedacitos. Los metió en la mochila junto con sus gafas y la espada y dejó su regalo en la mesita de noche. Sacó la cajita de metal y metió el EDP, se introdujo debajo de la cama —donde estaba el portal— y se teletransportó.

Apareció en el túnel del tiempo y miró cómo el número 2017 —de color verde y fluorescente, que se repetía infinitamente en el techo, las paredes y el suelo— iba aumentando mientras caminaba. Cuando llegó al número 80 386, vio que el antílope y el pingüino lo estaban esperando. Le entregó la cajita de metal al pingüino y se fijó en que el antílope tenía una corona fúnebre en sus manos.

—No hay otro sistema sino GNU y Linux es uno de sus núcleos —dijo el antílope.

El pingüino se fue con la cajita y el antílope le entregó la corona fúnebre a Rñu y dijo:

—Ahora tienes que ir a la casa de Vil Gates.

FIN

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